Tuesday, November 21, 2017

Abran y La Sangre. 
Continuación.
Fragmento de la Novela Los Dioses También Ríen.
Orlando Vicente Álvarez.
       También Dios le dijo a Abrahán que derramara la sangre de todos los animales que fuera a comer- el cerdo estaba excluido, los israelitas lo tenían absolutamente prohibidos y eso que nunca habían probado un buen jamón español- porque la sangre era la vida y el hombre había sido creado   semejante a  Dios. Y ahí se formó el lio, no bastaba con cortarle la cabeza a un pollo y verlo retorcerse o cortarle el cuello a una cabra y verla gritar de dolor hasta morir - la sangre podía contener el parásito de la filiaríais o de fascia hepático sino que los Testigo de Jehová tomaron estos versículos al pie de la letra y prohibieron hasta la las transfusiones de sangre sin tener compasión que Dios habita el cuerpo humano como un templo y no tolera el suicidio.  

         Bastante viéjitas y niños he visto morir por la falta de sangre y los Testigos más atentos a un versículo que a sus propios cuerpos. Si vieran a un etíope después  de un mes sin jamar comiéndose un chivo vivo  berreando y todo o a una tribu del Sudan que le pincha una vena del cuello a una vaca y recogen la sangre que se expulsa a chorro en un cuenco- con un poquito de sal y todo- y que luego lo pasan a toda la tribu para saciar la sed y el hambre. Y si vieran a un argentino o uruguayo comer un churrasco frito ligeramente de lado a lado y masticarlo  chorreando sangre por los labios- a los cubanos nos gusta un buen bistec bien frito así que estamos  salvados- pues todos  esos pecadores irían al infierno condenados a atragantarse de sangre de pavo descompuesta hasta la eternidad. 

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